Es una ciudad ideal para los que nos gusta callejear sin un itinerario muy marcado. He de decir que llevábamos un mapa y que sí nos marcamos "unos imprescindibles" que no podíamos perdernos.
Me han encantado los tranvías, aunque no me he subido. Son ideales para no sufrir las empinadas calles de Lisboa.
La ciudad está llena de "miradouros" que ofrecen unas magníficas vistas. Fui al Miradouro de Adamastor y, justo al lado, cené en el restaurante Nobai desde el que disfruté de unas vistas preciosas del río Tajo. También fui hasta el Miradouro de Sao Pedro de Alcantara y el de Santa Luzia.
Vistas desde Restaurante Nobai
Subimos hasta el Castelo de Sao Jorge, comimos un pastel de nata en la Confeitaria Nacional, cenamos en la Petiscaria Ideal y fuimos a bailar al Lux. Hemos seguido, casi a "rajatabla", la guía de "sitios recomendados" que nos preparó mi querida amiga Joana, "nacida y vivida en Lisboa", como dice ella.
















